Atardecer en el norte del país. Estelí, Nicaragua

miércoles, 7 de septiembre de 2011

El Desayuno está en la mesa

Sucedió en un viejo pueblo chico. Un lugar con bonitas costumbres fundadas por descendientes de abuelos hasta el padre y madre de esa época; todo al margen de una cultura estricta en valores y virtudes, pasando por el respeto ante las personas mayores y niños.

Una villa donde todos se conocía, que si había velorio todos tenían que ir a dar el pésame como principio de respeto y solidaridad al prójimo dolido. Una característica muy amena de los habitantes. En el pueblo habían muchos niños, iban a  ver al “Abuelo” así conocido por todo el lugar; él les contaba, cómo debían portarse en toda su vida y claro que no faltaban sus buenas fabulas, cuentos y chistes para todos los niños que llagaban por la tarde después de su tareas diarias.

Y como todo pueblo no podía faltar su Iglesia en el centro y sus capillas, siempre adornada por un mini parque y arboles con bonitas coloridas hojas. Los curas siempre amables en todas las eucaristías. Había uno muy distinguido. Sólo confesaba y conversaba a mujeres; eso días de semana, porque, los domingos era una especial, su ama de casa.

Timbre

Toca el timbre en la puerta la ama de casa. En segundos él acude a la puerta y abre.
-           Dios nos bendiga es usted.
Así dijo el lujurioso padre Emmanuel al abrirle la puerta. Su ama de casa era linda persona, en fin, muy simpática y con una hermosa sonrisa pasó.
-          Así es, Padre.
Siempre con sus herramientas; un lava pisos en mano y un balde lleno de trapos es lo que siempre lleva para sus deberes.

Una vez la joven dentro de la casa, se ponía de inmediato a su quehacer de todos los domingos. Tenía un parecido con Mitzi Gaynor. Estaba limpiando una mancha en el piso a puras manos y con las piernas dobladas apoyadas con sus rodillas el padre la miraba de espalda mientras caminada hacia ella. Le preguntó con toda la sonrisa en la cara, en la tercer consulta lujuriosa.
-          ¿Usted reemplaza a la Sra. Dora?
-          Así es, padre. Contesta la joven medio agitada.
-          El lumbago la destruyó y es un hecho.
No tarda mucho en contestar la Srita. Lizzy
-          Pero se recuperará, si Dios quiere.
-          Si Dios quiere, claro. Con un suspiro sarcástico le recitó el cura.

Brevemente, se anima con una sonrisa el cura y se acercó un poco más de frente que, la joven podía ver su zapatilla izquierda nítida de brillo, justo por donde estaba tratando de quitar la mancha.
-          Pero dígame. ¿Ya estoy chocheando o no? Quiero algo especial?
Y entonces… ella sintió un movimiento bajo sus pantalones negros de sarga. Levantó de inmediato su cabeza; su cuerpo intacto, completamente paralizado.

Asombro
Sin otro estado que asombrada dijo la joven:
-          Por favor, padre ¿Cómo podría yo? Cuando he hecho lo posible sabiendo que sui pajarito, con lo saltarín y travieso que es, dado el menor aliento con  mucho gusto se metería en problemas.
Sin respirar se lo dijo al cura, señalando con el trapo en dirección a su miembro.
-          Bájate pajarito malo, he tratado de camuflarme y parecer una esclava de párroco.

Y por ningún motivo parecer una visión rociada de perfumada llamada Mitzi Gaynor; con un pelo rizado que puede hacer que las partes de cualquier hombre salten como resorte.

Ella se levantó de inmediato con gesto de tener las cosas bajo control. Le contesta al padre, un poco alterada:
-          Tengo el uniforme normal, padre. La bata de casa con el moño atrás, las medias cafés de color de té viejo, la redecilla que le dice a todos que deben quedarse en casa y usar sarga negra.

-          No quiero pepitos hoy. Échense chicos, váyanse queridos a decir sus rezos.
El padre asustado y que la pena le rodeaba en todo su rostro, la mujer respira se acercan a la cocina, el padre sigue impactado y se siente lentamente. Ella se dirige a la refrigeradora y pregunta:
-          ¿Quiere desayunar padre?
El padre asustado, perdido en muchas incognitas y desde luego, avergonzado por lo que dijo o trató de insinuar. A pesar de toda la reacción de la señorita lizzy, secamente contestó:
-          Claro que sí, tengo que comer algo.

Desayuno
Una vez con su desayuno el padre y la mujer friendo más tocino, no dejaba de mirarla. Sí, el pepito es descarriado y por más que uno le dice, simplemente no se queda agachado. Pero las batas de casas viejas y las medias de color té podrían haberlo doblegado sino fuera por esa mancha de grasa que saltó. La mujer se recogió la bata, mostrando la mayor parte de sus piernas la secó. El padre no se perdió de eso, ella giró y vio que la miraba, él con la comida en la boca, sacudió sus ojos y dijo:
-          Esto es poderoso
Pero para evadir lo que vio le dice con una sonrisa de niño tierno:
-          Iría a la cárcel por otra rebanada de tocino.
-          Entonces le freiré más, padre. Le dijo amablemente ella
La mujer se dirigió  a la refrigeradora y le sacó más tocino y lo puso a cocinar. Cuando se volvió a la refrigeradora a colocar lo que quedaba.
El padre deja de sonar la cuchara y le dice:
-          Ven acá ¿Oíste del maní en la confesión?
-          No padre, creo que no. Le contesta ella.
-          Le dice el cura al joven: ¿Echaste maní al rio? Dice el joven: no padre yo soy el maní.
No era un chiste de los buenos, pero ella se rió y se rió, es más, se puede decir que lloró de la risa.
Mientras secaba sus cuantas lágrimas con su propia ropa, se subió la falda y la bata. Impactada quedó, no se dio cuenta de lo que llego hacer por descuido:
-          Mejor aborto esta tarea padre, o puede explotar un clérigo y saturarnos de energía sexual.
El padre se acercó a verla así. Y se encontró en las faldas de él
Decía la joven:
-          ¡Ay! Padre ¿es otro chiste? Ya estaba en su cabaña, no tenía escapatoria.
-          Eso me dolió, padre.
-          Frank Sinatra no haría esto, padre. Ni tampoco Vic Damone.
Ya en un momento de calor la joven:
-          Ay, estoy mojada padre.
-          ¿Qué hace allá abajo, padre?
-          ¿Está jugando con el jabón líquido?
Pero pronto habría de darse cuenta que él no había estado jugando con jabón líquido allá abajo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario