Atardecer en el norte del país. Estelí, Nicaragua

sábado, 30 de julio de 2011

Se siente que va a llover...


No parecía que iba a llover… “me huele que va a lluvia”, tremendo aguacero el que viene, me dijo mi controlistas de todas las tardes, después de echar un vistazo preocupado hacia el cielo desde la ventana de la cabina en la radio donde estoy de 4 a seis de la tarde de lunes a viernes. “Siempre es a la misma hora loco” me recitó aún más preocupado. Quince minutos a las 6, ya solo entraba nuevamente pero esta vez a despedir la tarde de jueves para no ser arrasado por la lluvia.

Más que loco me despedí, mientras miraba por la ventana desde donde estaba sentado –los que conocen radio universidad saben que estas de frente al vidrio- miraba el cielo de color gris y el sol casi no brillaba. Introduje mis cosas a la mochila y salí, como si iba tarde a un cumpleaños o mi propia boda. Con paso de mormón observaba como iba la gente buscando la salida, me contaba también, buscando la salida de la UCA para irse a sus casas sin ser tocados por la lluvia.

Cruzando la calle,  por suerte la ruta que abordo diario de milagro paso en el momento justo, fue suerte, siempre se demora entre 15 y 20 minutos bien medidos. Ya buscando el fondo de la ruta miraba a las personas, hasta podía asegurar que en sus mentes solo pasaba “Dale, dale… rápido no me quiero mojar”.

Tras quedarme solamente un kilómetro para bajarme, ya las primeras gotas rozaban el bus, las personas subían las ventanas, al menos, las que iban sentadas.

¡Parada, parada hombre! Decía la gente que coincidía con mi camino. Bajé ya estaba lloviendo, no tan fuerte, al menos me dio tiempo de llegar al techo largo de la venta más cercana. Era el único, estaba sólo ahí… escuchaba como las gotas arrastradas por el viento acribillaban los techos, se escuchaba con claridad, semejante a la pasada lluvia con granizo.
Al otro lado era la venta de donde estaba de pie, se levantó una señora y me dejó libre el campo para sentarme en la banca, me puse el suéter, crucé los brazos para medio calentarme. El viento hacia llegar la brisa hasta donde estaba.

Voltee a ver como la calle como se perdía la visión de la misma, las casas no se miraban, únicamente en el momento del relámpago que alumbraba la zona como si fueran las cinco y media de la madrugada, con el brillo del amanecer real. Incontable los rayos y relámpagos como tronaban en el aire. Pero si conté las personas que se mojaban bajándose de la ruta, las pude apreciar como cruzaban la calle con el agua mezclada con tierra que les llegaba poco debajo de sus rodillas.

Ni dudar como pasaba la corriente bajo la acera, alcanzó un ancho como el de un camión repartidor en ambas aceras, poco se podía apreciar el centro de la calle. Ya calculaba entre 30 y 45 minutos… la lluvia iba para largo, era seguro. De pronto venía saltando alguien como loco quería impedir el agua en sus zapatos lo cual era una gran mentira y me dijo cuando alcanzó techo  “Mierda se me mojaron los zapatos”  era un amigo cercano de mi casa. Al menos ya no me sentía solo.

Era una sala de espera, la banca era idéntica a las particulares que están en los hospitales, centros de salud entre otras. El problema era la lluvia, la solución esperar a que cesara.
Nadie hablaba, solo se escuchaba lo obvio… en eso desembocaron de una esquina tres mujeres, juré que andaban jugando bajo la lluvia que es lo que les encanta a muchas personas. No se trataban de eso si, venían alocadas, gritaban, se empujaban y alcanzaban una chinela que se llevaba la corriente que justamente la agarraron en la venta donde me encontraba.

Las tres morenas, “enchancletadas”, sólo una andaba de short como si andaba en la playa, pero… “ninguna guapa” dijo un muchacho que estaba a la par de nosotros mientras expulsaba el humo del cigarro que se fumaba lentamente. Sólo sonreí un poco volteando a ver a mi amigo. Cuando se levantó, dijimos… que era lo que esperaba ese broder, a una chavala guapísima mojándose y haciendo esa case de espectáculo en su barrio. Ni da ánimo de pensarlo.

-          ¿Un litro verdad? Dijo la chica playera
-          ¡Sí, ya no sabes! Respondió la que siguió la chinela
Parecía que sus parpados les pesaban unos cuantos gramos, los ojos estaban entre abiertos, para ser mujer estaban altamente alcoholizadas y ese litro las iba a mandar a dormir hasta mañana posiblemente. 

Metieron en la bolsa el litro de RPL, parecían contentas como si en esa bolsa llevaran el dinero que se han robado en el banco como pasa en las películas. Abrazadas como compañeras de tragos, caminando contra la corriente se fueron al suave.

Ya sedado por la lluvia me quedé ido un buen rato… mi amigo dijo, "Oe ya bajó, vámonos antes de que se ponga peor". Sí, era cierto la corriente había disminuido ya la corriente que pasaba por la acera tenía el ancho de una moto, podíamos irnos con paso de mormón, aun seguía brisando algo fuerte. Una, dos… al a tercer calle que caminamos se desbordó el agua de un cauce, cubriendo todo el ancho de la calle de agua sucia, ya se nos mojaban los zapatos pero era imposible seguir esperando más lluvia.

Fue poca el agua que entro en mis zapatos, al menos duré así una calle más. Lo que mirábamos, era el escenario perfecto para compararlo con el balneario El Trapiche, pero con un metro de profundidad. Impresionante cómo se llenó la carretera se trajo basura, al parecer, arrasó con todo calles atrás.

Saltaban, esquivaba pero no llegué a casa con los zapatos secos. Logré salir de ahí rápido con mi amigo, luego, volteamos a ver los baches de toda esa calle recta que ya habíamos recorrido. La calle en donde vivo está dividida por un callejón, ahí es donde dobló mi amigo, solo me quedaban tres casas para llegar a la mía, mojado pero llegué bien.

Con una hambre enorme me sentía, solo tiré mi mochila, cogí para la cocina, encendía la linterna de mi celular para poder ver, porque, la lluvia nos dejó sin energía. Luego de comer al lado de una candela, se me ocurrió narrar las 2 horas más heladas de mi vida.

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